Cómo no se escribe una novela

Las cosas funcionaron de esta manera:

  1. Decidí que quería escribir una novela.
  2. Decidí qué tipo de novela me apetecía escribir, y pensé en su argumento principal. Desde el principio tuve claro que haría una novela negra, y que el argumento giraría en torno a una pregunta que me hice a mí mismo: ¿qué es lo peor que un ser humano le puede hacer a otro ser humano?
  3. Desarrollé el argumento, añadí personajes y los desarrollé, pensé en cómo interactuarían entre sí, en cómo se sentirían con la información que tendrían a lo largo de la historia… También imaginé dónde sucedería todo.
  4. Me documenté para dar verosimilitud a la novela. Concretando un poco más, aprendí mucho sobre enfermedades mentales y sus tratamientos, sobre el funcionamiento interno de grandes bufetes de abogados, sobre las redes de trata de inmigrantes y los prostíbulos de carretera, sobre la pedofilia, los pedófilos y sus víctimas, sobre accidentes de coches y sobre estafas multimillonarias a compañías de seguros. En general, esta labor es aún más aburrida de lo que parece a primera vista, pero era necesario.
  5. Empecé a escribir la novela.
  6. Abandoné la novela.

En el mp3, después de llenarlo con discos de John Coltrane, he empezado a borrar cosas, pero aún no he grabado en él nada nuevo; he quitado de encima del dvd Damages porque no estoy de humor para verla hasta el final en estos momentos; sigo sin leer nada, y sigo sin echarlo de menos, lo que me asusta un poco porque soy, o era, un lector compulsivo capaz de leer incluso lo peor de lo peor, novelas de Almudena Grandes, Matilde Asensi, Alberto Vázquez Figueroa o José Carlos Somoza.

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